7 trucos de tu abuela para ahorrar como el mejor economista

Close-up of a person's hand placing coins into a transparent piggy bank to save money.

¡Ay, mi cielo, cómo me duele ver que el dinero se te escapa de las manos como el agua entre los dedos! Seguro que has escuchado últimamente en la televisión a ese famoso economista que anda diciendo verdades como puños sobre lo difícil que está comprarse una casa hoy en día. Y es que el economista Gonzalo Bernardos tiene toda la razón del mundo cuando dice que si quieres tener tu propio techo, no puedes estar viviendo la vida padre a manos llenas; tienes que apretarte el cinturón, mijo. Si quieres saber detalladamente lo que opina este experto, puedes leer más información aquí. Pero no te me vengas abajo, mi corazón, porque hoy tu abuela te va a enseñar los secretos de toda la vida para que guardes cada céntimo sin sufrir.

En mis tiempos no había aplicaciones de móvil ni asesores financieros, pero te aseguro que en cada casa había un economista camuflado debajo de un delantal. Sabíamos estirar un billete de mil pesetas hasta que parecía de cinco mil. Todo es cuestión de maña, de paciencia y de recuperar esas sanas costumbres que hoy se han perdido con tanta prisa y tanta comodidad de mentira. Si quieres aprender más trucos sobre economista doméstico, siéntate conmigo a tomar un café y apunta bien estos consejos que te voy a dar con todo mi amor.

1. La cocina de aprovechamiento: aquí no se tira nada

Mijo, tirar comida es tirar el dinero directamente a la basura. En mi cocina, una gallina daba para hacer sopa el lunes, croquetas el martes y ropa vieja el miércoles. Hoy en día corres al supermercado a comprar platos precocinados que valen un ojo de la cara y que además no te alimentan bien.

  • El tarro de los caldos: Guarda en el congelador las pieles de las cebollas, los extremos de las zanahorias y los huesos del pollo. Cuando tengas el tarro lleno, ponlo a hervir y tendrás un caldo casero glorioso por cero pesetas.
  • El pan duro es un tesoro: No lo tires jamás. Si lo rallas con un poco de ajo y perejil, tienes el mejor empanado del mundo. Y si lo cortas en daditos y lo fríes, tienes unos picatostes divinos para las cremas de verduras.
  • Las frutas maduras: Esas plátanos negros que nadie quiere en la cocina son perfectos para hacer un bizcocho esponjoso o una mermelada casera.

2. El método de los sobres de la abuela

Ahora todo lo pagas con tarjeta o con el teléfono móvil, mijo, y así es imposible saber cuánto gastas porque no ves el dinero desaparecer. El dinero invisible se gasta el doble de rápido, hazme caso. Vuelve al método físico, que nunca falla.

Al principio de mes, saca el dinero que tienes destinado para los gastos cotidianos: la comida, el transporte y el ocio. Repártelo en sobres de papel de toda la vida y escribe en cada uno para qué es. Si el sobre de la diversión se queda vacío el día quince, pues se acabó la diversión fuera de casa hasta el mes que viene. Así aprenderás a valorar lo que cuesta cada billete.

3. Limpieza brillante con vinagre, bicarbonato y limón

Me da dolor de corazón cuando voy al supermercado y veo pasillos enteros llenos de botes de plástico de colorines. Que si uno para los cristales, otro para los baños, otro para la grasa... ¡Vaya manera de sacarte los cuartos! Las multinacionales nos quieren hacer creer que necesitamos un producto para cada azulejo.

Con tres ingredientes que tienes en la despensa puedes limpiar la casa entera de arriba abajo:

  • El vinagre blanco: Es el mejor desinfectante, abrillantador de suelos y limpiacristales que existe. Mezclado con agua tibia hace milagros.
  • El bicarbonato de sodio: Perfecto para frotar las manchas difíciles de la cocina, quitar el mal olor de la nevera y desatascar las tuberías si le añades un chorro de vinagre caliente.
  • El limón: Blanquea la ropa, quita la grasa incrustada en el microondas y deja un olor a limpio que ya quisieran los ambientadores químicos.

4. La regla de los tres días para las compras caprichosas

Hoy en día con un solo clic en la pantalla tienes cualquier antojo en la puerta de casa al día siguiente. Eso es una tentación muy grande, mi niña. Cuando sientas ese impulso irrefrenable de comprarte un vestido nuevo, un aparato tecnológico o un adorno para la casa, aplica la regla de tu abuela.

Espera tres días enteros. No mires la tienda, no busques el producto. Si pasadas setenta y dos horas sigues pensando en ello y realmente crees que va a mejorar tu vida, cómpralo con la conciencia tranquila. La mayoría de las veces te darás cuenta de que ya ni te acuerdas de lo que querías comprar. El capricho era solo aburrimiento.

5. El tendido inteligente y el ahorro de luz

La lavadora y la secadora son las mejores amigas de la casa moderna, pero también las que más te roban en la factura de la luz. En España tenemos la suerte de tener un sol maravilloso que es el mejor desinfectante y blanqueador natural del mundo.

Saca la ropa bien sacudida y tiéndela nada más terminar la lavadora. Si la cuelgas con cuidado, estirando bien las costuras y colocándola en perchas, te ahorrarás usar la plancha en más de la mitad de las prendas. Menos plancha, menos secadora y más dinero en tu hucha al final del mes.

6. Comprar a granel y de temporada

Ir al mercado del barrio no es solo cosa de viejos, mijo. Es el secreto mejor guardado de los que de verdad saben de economía doméstica. Las bandejas de plástico del supermercado te cobran el empaquetado a precio de oro y te obligan a comprar más cantidad de la que necesitas.

En la frutería del barrio puedes pedir exactamente dos tomates y un limón si es lo que vas a consumir. Además, comer lo que da la tierra en cada época del año es mucho más barato y sabroso. No busques fresas en pleno diciembre, corazón; come naranjas, que están en su punto y valen la mitad.

7. Remendar, cuidar y conservar

La sociedad de usar y tirar nos está empobreciendo el alma y el bolsillo. Antes las cosas se compraban para que duraran toda la vida. Si un calcetín se rompía, se cosía con un huevo de madera. Si un zapato se desgastaba, se llevaba al zapatero remendón.

Aprende a coser un botón y a coger un dobladillo básico. Cuida tus cosas: limpia tus zapatos de cuero con crema para que no se agrieten, vacía el filtro de la lavadora de vez en cuando y limpia el polvo de la parte trasera de la nevera para que consuma menos energía. Tratar bien lo que ya tienes es la forma más bonita y agradecida de ahorrar.

Ya lo ves, mi lucero del alba. Ser un buen **economista** en casa no requiere de grandes estudios matemáticos, sino de sentido común, de volver a las raíces y de valorar el esfuerzo que cuesta ganar cada moneda. No dejes que las modas de aparentar te quiten el sueño de tener tu propio hogar en el futuro.

Y recuerda que siempre puedes buscar más trucos sobre economista en mi rincón favorito para seguir aprendiendo a llevar tu hogar como los ángeles. ¡Te mando un beso de los grandes y un abrazo apretado de los que curan el alma!

Preguntas Frecuentes

¿Es verdad que tengo que dejar de salir con mis amigos para poder ahorrar?

¡Claro que no, mi cielo! Lo que tienes que cambiar es la forma de divertirte. En lugar de ir siempre a restaurantes caros, podéis organizar cenas en casa donde cada uno traiga un plato casero, hacer un pícnic en el parque o buscar actividades culturales gratuitas en tu ciudad.

¿Cuánto dinero de mi sueldo debería guardar cada mes?

La regla que siempre hemos usado las abuelas de manera natural es la del diez por ciento. En cuanto cobres tu jornal, guarda esa pequeña parte como si nunca hubiera existido. Si puedes guardar un poco más, mejor que mejor, pero ese diez por ciento debe ser sagrado para tu futuro.

¿Por qué mi abuela insiste tanto en desenchufar los aparatos eléctricos?

Porque el llamado consumo fantasma existe, mi niño. Esas lucecitas rojas que se quedan encendidas en la televisión, el cargador del móvil que dejas puesto en el enchufe sin conectar a nada... todo eso va sumando céntimo a céntimo en la factura. Usa regletas con interruptor y apágalas por la noche.

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